Sekil de Diseño Singular – Figura Protectora y Geometría Ancestral en la Platería Mapuche

Símbolo de conexión espiritual, energía femenina y equilibrio ceremonial

Una joya ritual del universo mapuche

En la tradición mapuche, el sekil —también llamado siquel— es una joya pectoral usada por mujeres en contextos ceremoniales. Su función principal es acompañar y resguardar el centro del cuerpo durante celebraciones festivas, nguillatún u otras instancias de carácter colectivo y espiritual.

No se trata de una pieza meramente decorativa: forma parte de un sistema de signos y significados que expresan la pertenencia, la identidad y la relación con el mundo espiritual.

El sekil se dispone verticalmente sobre el torso, prendido al vestido tradicional o küpam, y está compuesto por elementos textiles y metálicos, como mostacillas, monedas antiguas, tubos y placas labradas.

Una figura que transforma la pieza en una creación singular

Lo que distingue al Sekil MAP-026 dentro del universo de la joyería ceremonial mapuche es la inclusión de una figura metálica con brazos abiertos en su parte superior. Este motivo antropomorfo, trabajado en una sola lámina con líneas firmes y proporciones estilizadas, introduce un componente narrativo poco habitual en este tipo de joyas.

El gesto de brazos abiertos puede interpretarse como una señal de acogida, conexión con las energías del entorno, o incluso como una representación de una figura protectora femenina en actitud activa.

No hay una única lectura posible: en la tradición mapuche, los símbolos pueden expresar simultáneamente distintos planos de sentido —espiritual, natural y social—. La elección de incluir esta figura en una pieza ceremonial sugiere una intención clara por parte del retrafe, quien no solo dominaba el oficio del metal, sino que también comprendía los códigos visuales de su cultura.

Estructura, lenguaje visual y simbolismo geométrico

El diseño del MAP-026 se compone de tres niveles articulados que conjugan fuerza visual, equilibrio y resonancia simbólica:

  1. La figura antropomorfa superior, de contornos geométricos y brazos extendidos, incorpora dos motivos en forma de cruz floral de cuatro pétalos. Esta figura está unida mediante un pasador doble a la parte central de la pieza, lo que permite cierta movilidad. A cada lado, cuelgan dos elementos con forma de hojas espinosas, cuya textura evoca la defensa, la fuerza vegetal o el vínculo con los ciclos naturales.

  2. El cuerpo central, compuesto por diez tubos verticales metálicos (dispuestos en pares), rematados en pequeñas esferas ornamentales. Estos tubos no solo cumplen una función estética y estructural, sino que también generan sonido al moverse, lo que refuerza el carácter ceremonial de la joya. La sonoridad en movimiento es una constante en la platería mapuche, donde el sonido acompaña el caminar ritual.

  3. La placa inferior, de forma semicircular con extremos angulados, recuerda la silueta de una luna creciente o una vasija protectora. Está decorada con dos cruces florales en relieve y finaliza en una hilera de siete colgantes curvos, similares a garras o alas esquematizadas. Estos colgantes refuerzan la dinámica visual y sonora de la pieza, y pueden ser interpretados como símbolos de protección o movimiento espiritual.

Toda la composición responde a un lenguaje visual riguroso, en el que la simetría, la repetición y el uso de formas geométricas expresan conceptos como el orden cósmico, la dualidad armónica y la integración de fuerzas opuestas.

El trabajo del platero: técnica, conocimiento y mirada simbólica

Aunque no conocemos la identidad del retrafe que realizó esta pieza, su trabajo revela un dominio notable del oficio. El corte de las placas, la disposición equilibrada de los tubos y colgantes, el uso de pasadores móviles y la limpieza en los motivos florales, hablan de alguien con experiencia, sensibilidad visual y conocimiento del sentido ritual de su arte.

El retrafe no es solo un ejecutor técnico: es un mediador cultural. En su labor convergen el legado ancestral, la observación de la naturaleza, la memoria del linaje y la intuición para traducir símbolos en metal. El resultado es una pieza que, sin romper con la tradición, incorpora recursos poco frecuentes para proponer una lectura más amplia de la espiritualidad femenina mapuche.

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